El peso del avión
Los aeropuertos y los aviones son terremotos de energía y mares de emociones humanas que es difícil dimensionar.
El ser humano en su deseo de conquistar los aires, y en su necesidad de comunicarse e intercambiar con otras culturas, ha desarrollado la aviación a niveles que ponen mucha población en capacidad de acceder a un tiquete aéreo.
Se estima que 4.400 millones de pasajeros se transportaron en avión en 2023 (IATA). Claro, unos vuelan más que otros. El caso es que muchos volamos, y lo harán muchos más.
Con la masificación del transporte aéreo también han ganado cierto protagonismo los accidentes, el terrorismo, los controles de seguridad, de pasaportes, etc. Se ha popularizado también que muchas aerolíneas son un mal negocio, pero de eso hablaremos en otra entrega.
Hoy los aeropuertos y los aviones son terremotos de energía y mares de emociones humanas que es difícil dimensionar.
Al aeropuerto van los pasajeros, y los que trabajan allí.
Van los nervios del pasajero que viaja feliz a un nuevo destino,
la tristeza del que regresa sin desearlo,
la nostalgia de quien se va y no sabe si volverá,
la incertidumbre de quien está cometiendo algún delito,
la incertidumbre de quién no delinque, pero siente miedo por el estigma de su pasaporte (país de origen),
o por su apariencia física (que puede parecer amenazadora),
o siente miedo por su incapacidad de comunicarse en otros idiomas.
Al aeropuerto también van policías y personal de seguridad, esperando contener lo prohibido, lo ilegal. Lo ilegal también va al avión. Viajan deportados, convictos, extraditados...
En el avión también viajan muertos que van a la que tal vez será su última morada.
Tantas energías distintas, tantas realidades, tanto peso en el avión. Tantas vidas unidas por un vuelo sobrevendido, retrasado… tantas que no se unieron por culpa del clima.
En el avión hay pasajeros con miedo a volar, hay personas que huelen mal, está el niño que no para de llorar, hay personas llenas de chécheres y lentas para abordar…
En el aeropuerto están los empleados de las tiendas, el personal de aseo, servicios generales y operaciones en tierra (los que transportan las maletas, los conductores del carro tanque de Jet fuel, los conductores de los buses que llevan pasajeros a los aviones). Todos ellos tan cerca del aparato, de los cielos, de otros países. Tan cerca, pero a la vez tan lejos. Muchas de estas personas puede que suban a los aviones, pero no serán pasajeros. No de este avión. No por un buen tiempo.
En el aeropuerto están los pilotos, con la máquina, los pasajeros y la tripulación bajo su responsabilidad. Los pilotos que sortean mal clima, aviones en regular estado, demoras en operaciones, desvíos y cambios de ruta, espacio aéreo congestionado, aterrizajes y despegues en aeropuertos complicados, bandadas de pájaros… aunque el piloto automático ayuda, todavía hay muchas variables con las que el piloto de carne y hueso debe aprender a volar, aprender a vivir.
Los spotters están por ahí regados, capturando momentos…
Cierto es que también están las buenas energías por todas partes. Eso contrarresta lo negativo, y lo sobrepasa. Por eso seguimos volando. Seguiremos volando por sueños, por libertades, por nuestras familias, por un poco de hedonismo, por escapar, por el deseo de llegar.
A veces se vuela bien, a veces se vuela mal.
… y están los aplausos al aterrizar. No todos los hacen. No es claro qué celebran.
¿Acaso celebran el no matarse al caer de los cielos?





